Por el Lic. Pablo Dons - Secretario Ejecutivo de la Red Federal de Laicos
El filósofo español José Ortega y Gasset escribía hacia 1920 su célebre ensayo “España Invertebrada”. El mismo fue escrito en medio de la profunda inestabilidad que azotó a España y que derivó en la dictadura de Primo de Rivera, continuó con la república roja y finalmente con la guerra civil. La tesis central de Ortega era que España atravesaba una profunda crisis de “particularismo”. Dice Ortega “ La esencia, del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a si mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás” . El particularismo supone entonces, la pérdida del concepto de Nación como un todo donde se amalgaman distintas expresiones socioculturales e intereses, para dar paso a la multiplicación de las divisiones entre los grupos. Vale decir, por ejemplo: el espectro político ya no se alinea de acuerdo a parámetros ideológicos como izquierda y derecha, sino que se pronuncian nuevas divisiones dentro de esas categorías.
Ortega continúa su argumento afirmando que la grandeza de Roma radicó precisamente en la capacidad de aglutinar a los distintos pueblos itálicos y del Mediterráneo en torno a un proyecto común. Es decir, lo que salva del particularismo es “ un proyecto sugestivo de vida en común”. Son esas ideas “fuerzas” en torno a las que se organizan las distintos grupos. Pero para llevar adelante esas ideas, para implementar el proyecto, se necesita de una “hueste” que lo implemente. Un grupo dirigente que haga propio ese proyecto.
La Argentina de hoy vive en torno a esas subdivisiones que otrora azotaron a España. Los partidos políticos se subdividen en torno a distintos liderazgos. Vasta ver tan solo el Partido Justicialista y la UCR. ¿ Cuántas subdivisiones imperan allí ?. Los militantes ya no militan en torno a un paquete de ideas o a un proyecto, sino en torno a distintas personalidades cuyos liderazgos se asientan sobre la base de protagonismo mediático, pero no sobre la sólida defensa de ideas. El mismo análisis puede extenderse a las agrupaciones sindicales y demás grupos dirigenciales. Se puede afirmar entonces, que un síntoma de la Argentina invertebrada es la organización en torno a “personas” y no a “ideas”. Este síntoma no hace más que reflejar la flaqueza institucional que impera en nuestra República, que con la existencia de prácticas para-institucionales (clientelismo, prebendas, dádivas, etc,), que fortalecen el desarrollo sectorial, privándonos del bienestar general que vendría aparejado del respeto a la instituciones y la subordinación al Estado de Derecho.
La Argentina del Centenario se organizó sobre la base de un proyecto, de un modelo al que aspiraron los sectores dirigentes de entonces. El mismo se solidificó en torno a la Constitución de 1853, ésta fue la columna vertebral de la Argentina, ese fue el paquete de ideas que permitió a nuestro país convertirse en un suelo fértil de oportunidades para sus habitantes y para todos aquellos que quisieran habitarlo.
El particularismo al que hacía referencia Ortega, se hace presente en nuestra realidad nacional en la ausencia de políticas de estado. Entendiendo por éstas, la instrumentación de objetivos al que han arribado las distintas fuerzas políticas, actores sociales y ciudadanos, luego de un consenso fruto de un diálogo plural. España lo superó, a través de los Pactos de la Moncloa, ratificados por todas sus fuerzas políticas. luego de Franco. Hoy vemos con asombro el progreso de esa Nación.
En el contexto de invertebración actual surge la Red Federal de Laicos. La misma aspira a agrupar a distintos hombres y mujeres de buena voluntad en torno a una serie de principios tan importantes como son: la defensa de la Vida, la búsqueda del Bien Común, la Equidad Social y el Fortalecimiento de las Instituciones Democráticas.
Nuestro objetivo principal se centra en poder hacer de dichos principios los propósitos en torno a los cuales gobernantes y gobernados podamos solidificar a la Argentina del Bicentenario. De estos principios deberán surgir una serie de acuerdos tan sólidos que garanticen una unión que neutralice toda posibilidad de particularismo. Por eso, es que además acompañamos a los distintos laicos comprometidos con la vida pública, ya sea desde la función pública, desde la pertenencia a los partidos políticos, a las agrupaciones sindicales, a instituciones educativas, y demás instituciones que cristalicen un compromiso con el próximo.
En el contexto de invertebración tres son los desafíos que afrontamos los laicos. El primero, es lograr un mayor protagonismo público en la defensa de los principios mencionados antes. El segundo, acompañar a todos aquellos que ya trabajan en post de los mismos. El tercero, hacer de ellos la columna vertebral de la Argentina del Bicentenario.
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