Por el Dr. Osvaldo F. Canziani - Referente de la Red Federal de Laicos en Medio Ambiente
Hasta hace poco tiempo, la falta de información seria y científicamente fundamentada, había llevado a una negación mendaz de la existencia de cambios trascendentes en los Comunes de la Humanidad. Muchos medios, incluidos organismos e instituciones del quehacer oficial y privado y, también, algunos científicos y tecnólogos, afirmaban que las modificaciones observadas en el clima eran simplemente naturales. En consecuencia, después de un cierto tiempo, el sistema climático retornaría a sus condiciones previas.
También se negaban las interconexiones existentes entre las diferentes componentes del entorno ambiental, algunas de las cuales, como ocurrió con la capa de ozono estratosférico, ya habían sufrido los efectos de las actividades humanas. En otros casos, como en los vinculados con la pérdida de la diversidad biológica, la desertificación, la erosión y salinización de los suelos, la deforestación y la contaminación del aire y las aguas, las causales derivadas de la acción humana eran aceptadas. Sin embargo, los planes de desarrollo, nacionales o provinciales no toman en cuenta las implicaciones de esas componentes del cambio ambiental global. Es decir que, en los ámbitos oficiales y privados, las políticas del desarrollo no se canalizan a través de trayectorias apropiadas, omitiendo medidas en defensa de los recursos naturales y su entorno ambiental. Estas falencias hace que el desarrollo no sea sostenibles, por carecer del aval científico y tecnológico que permitiría asegurar la durabilidad de los recursos naturales, para las generaciones futuras
Situaciones críticas, como las que se vislumbran en el retraimiento acelerado de los glaciares, fuentes del agua de fusión de los hielos, la única prácticamente disponible en algunas regiones del mundo (p.e. en la región de Cuyo), obligaron a poner el énfasis necesario a los efectos de un cambio climático generado por las actividades humanas y en exacerbación, debido al incremento de las concentraciones de los gases de efecto invernadero, que estas inyectan en la atmósfera, de manera continua y creciente.
El Grupo de Trabajo I, del IPCC -Intergovernmental Panel on Climate Change-, responsable de los aspectos físicos del cambio climático, ha concluido que el calentamiento terrestre actual se debe, sin duda alguna, a las actividades humanas. Además destacó que los eventos extremos seguirán siendo el común denominador de este cambio climático.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en su objetivo fundamental (Artículo 2 –CMNUCC), destaca la necesidad, cada vez más apremiante, de estabilizar las concentraciones de los gases de efecto invernadero a un nivel que no interfiera adversamente en:
· la adaptación natural de los ecosistemas
· la seguridad de la producción de alimentos, y
· el desarrollo económico sostenible, o, como más enfáticamente se expresa en francés, desarrollo durable.
Como sabemos, el propósito del Protocolo de Kyoto es lograr este objetivo. Sin embargo, hoy los países de economías emergentes son ya tan contaminadores de la atmósfera como los Estados Unidos de América y la Comunidad Europea. Esta situación hace más difícil lograr el objetivo de la CMNUCC.
En este contexto, un análisis rápido del Resumen para Decisores Políticos, del Grupo de Trabajo II, aprobadas en Bruselas, el 6 de Abril de 2007, presenta conclusiones que aparecerían como el anuncio antelado de una catástrofe global irremediable.
Esto no será así en los casos en que las instituciones oficiales y privadas y, de manera particular, los tomadores de decisión procedan informándose correctamente Consecuentemente, la misma falta de información que, hasta hace poco tiempo, llevara a negar la realidad de un cambio ambiental global, con una secuela climática crítica, hoy puede llegar a originar otros falsos paradigmas. A este respecto, es de gran importancia que quienes utilicen las conclusiones del Cuarto Informe de Evaluación del IPCC (AR4-IPCC), tengan en cuenta que las mismas tienen grados de confiabilidad diferentes y que ninguna conclusión es cien por ciento cierta. Además, muchas de esas conclusiones son el resultado de las evaluaciones realizadas sobre bibliografía escrita en idioma inglés, realizada con información proveniente, principalmente, de países desarrollados. Por esta razón y porque los escenarios utilizados para proyectar las condiciones futuras no son igualmente aplicables a todas las economías y tendencias sociales de los países en vías de desarrollo, es necesario, en primera instancia, no adoptar crudamente tales conclusiones. La experiencia acumulada en países de América Latina que adoptaron estrategias desarrolladas en países de ancestro diferente, como ha ocurrido con los procesos educativos copiados, sin ninguna adaptación a las particularidades culturales y antropológicas locales, constituye un ejemplo negativo que nos alerta en cuanto hace a extrapolar a ultranza proyecciones climáticas para nuestro entorno ambiental. La obligación es adoptar pero con las medidas de adaptación apropiada todo aquello que pudiera servir. Este tipo de conclusiones deberían ser modificados de manera de acomodarlos a las condiciones geofísicas, sociales y económicas del entorno cuyo futuro ambiental desea estimarse.
El Panel ha tratado de aumentar la participación de especialistas provenientes de países en vías de desarrollo; sin embargo, por diversas razones, ella es aun escasa.
Por una razón semejante, la evaluación de trabajos de investigación producidos en idiomas diferentes al inglés, es reducida. Son pocos los especialistas de lengua materna distinta a la inglesa, y esto se refleja claramente en la bibliografía consultada.
Hechas estas aclaraciones, que en nada niegan el progreso científico registrado en este AR4-IPCC, es necesario recordar que el Grupo de Trabajo II está encargado de la evaluación de la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos, y de la salud humana, y de los impactos del calentamiento terrestre, así como de las estrategias de adaptación disponibles. A través de las tareas conjuntas que realizan sus grupos de trabajo, el Panel también evalúa los avances tecnológicos y técnicos recientes, analiza las características y las vulnerabilidades críticas de cada región y busca definir mejores escenarios futuros y su posible aplicación a escalas regionales y nacionales. Casualmente, una causa de dificultades, en cuanto hace a la certidumbre de los resultados relativos a las proyecciones de variables hidrológicas, tales como escorrentía y humedad de suelos, deriva del hecho que los modelos hidrológicos son de escala mucho menor que los modelos globales de los que se obtiene las proyecciones de las precipitaciones. Debido a los múltiples factores biogeofísicos involucrados, estas proyecciones tienen una certidumbre mucho menor que las relativas a las temperaturas, razón por la cual esta información debe tomarse con los recaudos del caso.
Sin embargo, su éxito depende de cómo se las aplique. En efecto, el desarrollo sustentable, sostenible o durable, según se desee designarlo, ha de plantearse en función de la información básica que disponga cada país, cada región y, de alguna manera dependerá de una integrada y conciente administración global de los recursos del planeta. Tal información básica no deberá focalizarse únicamente en las variables físicas
y biológicas, sino que deberá ser integrada con la información social, económica y aunque parezca repetitivo, con la información ambiental pertinente, de manera de poder construir matrices de desarrollo que computen cada elemento básico, por ejemplo, el agua, de una manera integral e integrada, entre sus diversos usos y disponibilidades (en cantidad y calidad). Desgraciadamente, en los países subdesarrollados existen falencias graves en el orden observacional y de monitoreo. Ellos son elementos críticos en el ajuste de las proyecciones y en la puesta en operación del primer medio de adaptación frente a los efectos adversos del cambio climático: la vigilancia ambiental y el establecimiento de sistemas de alerta temprana.
El cuadro de requerimientos básicos para un uso efectivo de las proyecciones del clima futuro requiere que se disponga de evaluaciones integradas de sus recursos naturales, de los cuales el clima es una parte fundamental. La carencia de redes de observación diseñadas de acuerdo con las normas del Sistema Mundial de Observaciones Climáticas (SMOC) y de redes meteorológicas, hidrológicas y de observaciones oceánicas, especializadas en las diferentes implicaciones del quehacer meteorológico – salud humana; agricultura y ganadería, su protección contra plagas y enfermedades, riego total o complementario; defensa urbana y rural; bienestar y seguridad de las poblaciones; turismo, etc, constituye una falencia crítica.
Los esfuerzos realizados por la Secretaría de la CMNUCC, que en su Artículo 5: Investigación y Observación Sistemática, plantea la necesidad de implementar los compromisos que emergen del inciso g), del párrafo 1, de su Artículo 4, y la acción que realiza la Organización Meteorológica Mundial al promover el SMOC, deben constituir una actividad importante de las Cancillerías de los países en vías de desarrollo. Se debe apoyar la aprobación de los fondos y medios para implementar dichos sistemas.
Además, habida cuenta de la necesidad de disponer de información sobre la intensidad, distribución y frecuencia de los eventos extremos que originan inundaciones y sequías, deberán modernizarse las redes de observación pluviométrica. La tecnología moderna, utilizando sistemas digitales puede medir y transmitir en tiempo real las cantidades de precipitación. Los radares meteorológicos, con capacidad Doppler, pueden ser calibrados para determinar las precipitaciones areales y la información satelital sirve para proveer toda la información complementaria sobre nubosidad, precipitación y, además, sobre la escorrentía en ríos y arroyos y las cantidades de agua de lagunas, lagos y reservorios, así como su acumulación en vaguadas y cañadas, como un aporte imprescindible en las labores de vigilancia y en el mejor uso del recurso hídrico para la agricultura. La antigua práctica de pretender arrojar al mar los mal denominados “excesos hídricos” debe ser cambiada por una metodología de la “cosecha” del agua. En regiones de marcada chatura, como lo es la región pampeana, cuyas evapotranspiraciones zonales llegan a exceder los 15 mm diarios, y su infiltración es muy baja, el incremento de reservorios y la descolmatización de lagos y lagunas ofrecen, como lo previeran pro-hombres de la hidrología, como Leonardo da Vinci, la disponibilidad de agua para riegos complementarios y una salvaguarda para casos de precipitaciones intensas, al reducir el riesgo de inundación. El desarrollo de sistemas geográficos de información, en los que se integren los datos geológicos, geomorfológicos y edafológicos de los distintos segmentos de la Pampa, llevaría a progresos sustanciales en el manejo integrado del agua.
Recordando la frase del Banco Mundial: Si las guerras del siglo 20 fueron por el petróleo, las del siglo 21 serán por el agua, pone en evidencia la urgencia por aplicar las conclusiones del IPCC, en beneficio de la economía nacional,
Reiterando las limitaciones, en cuanto a grados de incertidumbre concierne, el análisis precedente pretende demostrar que, a pesar de la falta de certidumbre total, de las conclusiones del Grupo de Trabajo II, del IPCC, todas y cada una de ellas están marcadas por una necesaria adaptación a las condiciones locales. Esto es particularmente importante en la región latinoamericana donde la falta de suficiente información básica y las características geográficas, particularmente en su extremo sur, hacen difícil el desarrollo de proyecciones a futuro.
La relativamente delgada península que se extiende desde el paralelo 20º S hasta los casi 64º S, posee características geográficas y topográficas particulares (la Cordillera de los Andes) que la diferencia notablemente de la masa continental del Hemisferio Norte. Además, las corrientes frías de Humdbolt (hasta los 12º S, en el Pacífico) y Malvinas (hasta los 38º S, en el Atlántico), proveen particularidades específicas que hacen evidente el criterio mencionado, esto es no adoptar sin adaptar las conclusiones del Grupo de Trabajo II, del IPCC.
Sirva esta primera nota como una introducción a futuros análisis de las conclusiones del AR4, para su mejor utilización por parte de los tomadores de decisión de este parte del mundo.
Dr. Osvaldo F. Canziani. Buenos Aires, Mayo 2007.
Descargar versión PDF
|